lunes, 20 de enero de 2014

Sentir más, pensar menos

De repente un día empiezan a amontonarse las preguntas; de dónde, hacia dónde, por qué... Ésas preguntas que sin más aparecen y luchan incansables en lo más profundo de ti, tratando de lograr una respuesta que las satisfaga y, entonces, emprender la huida.

Así que decidimos perder un valioso tiempo en convencerlas para que se marchen. Tenemos una necesidad inmensa de que se vayan, que desaparezcan, como sea. Pedimos consejos, suplicamos al cosmos, a las energías, al destino, al karma, para que nos den una pista, una señal que nos conceda algo de tregua frente a tanta duda. Nos engañamos, tratamos de autoconvencernos aún sabiendo que será en vano. Cualquier cosa vale con tal de evitar tanto murmullo.

Y es que, al final, no nos damos cuenta de que es posible que estemos buscando respuestas a preguntas equivocadas. Pues, no es un "¿dónde?", es un "con quién"; no es un "¿por qué?", sino un "¿cómo?". Nos olvidamos de dejar de pensar y de que lo realmente importante es limitarse a sentir... y que quizá, -solamente quzá- será justo ahí donde encontremos todas las respuestas.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Verás

Verás, a lo mejor no puedo evitar que, de vez en cuando, te invada una sensación de tristeza, pero sí puedo darte mil motivos más para ser feliz. Verás, es posible que no consiga que jamás nadie te traicione, pero puedo prometerte que nunca seré yo. Puede que no pueda compartir contigo cada tarde, pero debes ser consciente de que cada vez que te vea caeré en ti como cae el sol en el horizonte a la llamada de cada atadecer. Lo más seguro es que alguna vez olvide cosas que son importantes para ti, pero para entonces tú ya serás experto en mis despistes y sabrás que tus cosas importantes lo son aún más para mí. 

Verás, no puedo materializar algunos de tus sueños, pero sí te acompañaré durante todo el camino; con risas, con palabras o con silencios. Posiblemente caerás sin que yo pueda evitarlo, pero  eso no te preocupará nunca más, pues tuyas son mis manos. Y si no puedo levantarte, me acostaré contigo. Tampoco puedo prometerte que quedarás exento de mis locuras, pues tú eres la primera de ellas (mi preferida), pero al final la necesitarás para mantener tu propia cordura.

Verás, puedo vivir sin ti sin demasiadas complicaciones, pero es seguro que lo que quiero es vivir contigo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Como siempre, como nunca

Aquellos días en los que demandaba tu atención con más ahínco que de costumbre, en los que tú me llamabas pesada y declinabas mis intenciones con excusas torpes, sólo quería contarte que no estábamos perdidos; que aún nos quedaba mucho amor por gastar y que tus brazos seguirían siendo el mejor lugar del mundo mundial y alrededores durante muchas vidas más.

Quería decirte que al fin, después de tanto tiempo y todavía más dolor, había encontrado todas las respuestas que volverían a reconstruir nuestro mundo derruido. Ansiaba explicarte que ya lo entendía, que la culpa no había sido tuya, ni mía... que simplemente tú aún no sabías qué era el amor porque nunca nadie te lo había enseñado. Descubrí que no era cosa nuestra, sino que simplemente era cosa del dichoso destino, de la vida -tan insolente a veces-, que no te había dejado experimentar algo tan grande como el amor. Tan solo era algo que no entendías, como cuando el físico ilustra al filólogo sobre física cuántica. 

Sólo quería decirte que aún no estábamos perdidos y confesar aquel secreto tan tristemente guardado en lo más profundo de mí: te quería con locura (como siempre, como nunca). Te iba a decir que te regalaba todo mi tiempo, mi paciencia y mi corazón mil veces reconstruido... hasta el día cualquiera en te dieras cuenta de que el "amor" era exactamente todo lo que yo te brindaba. Deseaba explicarte que estaba dispuesta a esperarte y a volver a partirme en mil pedazos tantas veces como tu ajeno corazón necesitara.

Pero entonces, aquellas palabras tuyas, arrasaron por completo con mis fantasías; cortaron esa ya deshilachada cuerda que peleaba sin descanso para unir mi corazón a la esperanza de que al fin volvieras... 

Y así fue como al final el silencio nos ganó la última batalla. Recogí mis filosofías, mis falsas ilusiones y tristes esperanzas vacías con la única certeza que me habías regalado: tan solo eran excusas a las que poder agarrarme cada vez que con tus actos me gritabas que no me querías.

Y con todas esas ilusiones, esperanzas y fuerzas... volví a empezar. Como siempre, como nunca. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Opositar en compañía

Nunca pasé por la fase de querer ser artista. Desde bien pequeña (algo así como los 12 años) sabía cuál sería mi destino; a qué sueño dedicaría la mayor parte de mis fuerzas e ilusiones. Así, como todos mis compañeros, saqué Selectividad, me licencié en Derecho y comencé a caminar hacia mi meta.

Todo comenzó de la manera más normal; que si abriendo el paquete que contenía el libro de Teoría General, que si el primer -y desastroso- cante, comprar un cronómetro...y, en fin, las cosas que hace un opositor al uso... con la energía, fuerza y esperanza que siempre te arropan al inicio de cada aventura.

Así continuó todo. Civiles, Penales... manual tras manual intentando ser cada día un poco mejor. Hasta que un día todo empezó a cambiar. Y es que mi vida se llenó de luz; mi camino de compañeros que en cada cante me cogían de la mano, y a quienes yo cogía con la misma fuerza cuando era su turno... Compañeros que suplían a la perfección cada uno de mis despistes entre tanta actualización, modificiación e  historias varias. Mis mañanas se llenaron de buenos días y las noches de mejores noches. Los minutos antes del cante el móvil empezó a arder en mi mano con mensajes de ánimo y apoyo... y al salir, personas esperando noticias

Y no sólo eso. Llegaron a mi vida nuevos confidentes, amigos, grandes personas que enriquecieron mi mundo desde el primer momento. Y empezamos a visitarnos: Alicante, Madrid y los sitios que aún nos faltan. Sin olvidar los sitios que conoceremos juntos, después de haber llegado al final (en 2, 5 ó 30 años)... compartiendo siempre todo lo vivido.

Jamás pensé que de esta oposición sacaría (además de un buen trabajo) personas que, al final, se han convertido en pilares fundamentales de mi vida. Y por eso quería, desde aquí, daros las GRACIAS.

Gracias por vuestra compañía, por vuestro apoyo, por los ánimos, por ser, por estar... Gracias por ensñarme la grandeza de opositar en compañía.

Os quiero, lo sabéis.


martes, 9 de julio de 2013

A mi pequeño

Te amo cuando ríes, cuando lloras y cuando me sorprendes. Te amo cuando tocas mis cosas, me desordenas el escritorio y cuando me ensucias la ropa. Te amo cuando me quieres, cuando te enfadas, cuando no me hablas y cuando me susurras al oído. Te amo cuando te confieso mis secretos y cuando tú confías en mí y me cuentas los tuyos. Te amo cuando enloqueces, cuando me haces enloquecer y cuando enloquecemos juntos. Te amo cada día, cada hora y a cada instante. Te amo cuando me sigues, cuando me huyes, cuando te escondes y cuando me encuentras. Te amo cuando me cuidas, cuando me eliges la ropa y cuando me abrazas porque sí. Te amo cuando me preocupas, cuando me mimas y cuando me acaricias. Te amo cuando me enfadas y cuando te enfadas. Te amo cuando me dices que ya no quieres dormir conmigo y te amo de nuevo cuando a mitad de la noche te acurrucas a mi lado. Te amo cuando te sueño y cuando me necesitas. Te amo en cada amanecer, en tu primera mirada de la mañana y en la última de cada noche. Te amo cuando pataleas, cuando me sacas de quicio y cuando paseamos juntos. Te amo cuando no me haces caso, cuando me desobedeces y cuando me pides perdón. Te amo cuando no estás, cuando me echas de menos y en cada reencuentro.


Te amo así, tan dulce, intensa, simple, fiel y eternamente como sólo una madre es capaz de amar. 

martes, 11 de junio de 2013

Podría quererte

Hace unos días me preguntaste si yo podría quererte aunque... añadiste algo más pero yo ya no te escuché. No te escuché porque es evidente que podría quererte aunque se apagara el sol y la noche reinara el mundo. Podría quererte aunque desaparecieran las flores, el color y todo fueran sombras. Podría quererte aunque se acabara el oxígeno, aunque se secara el mar y los pájaros dejaran de cantar. Podría quererte aunque el amor se convirtiera en odio, aunque la tristeza conquistara a la alegría y aunque el miedo gobernara al valor. Podría quererte hasta el final, en cada nuevo comienzo. Podría quererte aunque los besos se transformaran en espinas y arañaran cada pedazo de cada alma y aunque los ríos dejaran de fluir hacia la vida. Podría quererte porque somos uno, porque no hay por qués, ni horarios ni preguntas…podría quererte sólo porque tú eres tú y por eso, yo te querría hasta que el mundo dejara de ser mundo.


lunes, 27 de mayo de 2013

Ocho


Desde que naciste, hace hoy ocho años, te he enseñado (o, al menos, intentado) muchas cosas. Te he enseñado a coger bien los cubiertos, a escribir sin faltas de ortografía, a valorar a las personas y a ti mismo, a ser valiente, a tratar de entender a los demás, a respetar a las mujeres, a luchar, a ser comprensivo y compasivo con el resto del mundo, ayudar a quienes más lo necesiten… y en definitiva he intentado inculcar en tu unos valores que espero y deseo que te acompañen para siempre.

Pero no menos es lo que tú me has enseñado. Porque he aprendido de ti que no hay pena tan grande que no pueda arreglarse con una sonrisa; que las heridas duelen menos cuando tienes quien te las cura; que las tormentas son la excusa perfecta para dejarse sorprender por un arcoiris; que las cosas de un momento a otro pueden cambiar de blanco a negro sin darte cuenta...y que no importa. Me has enseñado que da igual perder de vez en cuando el norte para conocer algo del sur; que lo mejor de llegar a la meta es encontrar a quien te espera con los brazos abiertos; que la confianza en uno mismo y en los demás son grandes tesoros…

Porque tú eres quien me ha enseñado todo eso. Tú eres la sonrisa que arrasa con mis penas, la cura para cualquiera de mis heridas, mi más precioso arcoiris, todos mis colores. Eres mi veleta en cada ráfaga de viento, mi meta en cada paso, la luz de cada amanecer que no se apaga ni en la más oscura noche.
Muchas gracias por todo lo que me enseñas día a día, eres mi mayor tesoro.
¡Feliz cumpleaños, vida mía! Te adoro.